3. Las colecciones
Sobre las colecciones de las BP, se han analizado los datos estadísticos disponibles y se ha completado la información a través de un trabajo de campo, reuniendo así aspectos cuantitativos y cualitativos. La importancia de las colecciones (o recursos informativos) que las bibliotecas ponen a disposición de los ciudadanos es clave. En ellas reside básicamente la oferta pública de acceso a la lectura y la información que se pone a disposición de todos los ciudadanos con criterios igualitarios.
Por los datos estadísticos oficiales podemos conocer el volumen global y tamaño de las colecciones, su distribución territorial y demográfica, su composición interna por soportes o la dotación de recursos en red, todo ello en su evolución de 1990 a 2000, último año del que el INE ha recogido datos. Para situar los datos españoles en el contexto de la Unión Europea, el año de referencia utilizado es 1998, año del que se dispone de una serie coherente suficientemente completa. Los trabajos de campo, referidos a 2001, se refieren a un segmento de 1.146 puntos de servicio de BP ubicados en municipios con población superior a 5.000 habitantes y con una colección mínima de 7.500 volúmenes. A través de ellos, se dispone de información sobre la distribución de las secciones para niños y adultos, su distribución por materias y lenguas, su nivel de accesibilidad.
En un estudio anterior17 se comprobaba que la dotación de libros y otros recursos informativos de las BP españolas era insuficiente para atender al conjunto de la población española, que su distribución territorial y demográfica era irregular y que la presencia de documentos sonoros, audiovisuales, electrónicos y en red era escasa.
La fotografía que nos dan los datos del año 2000 tiene pocos elementos nuevos: se confirma la insuficiencia global de las colecciones de las BP para atender a los 40,8 millones de ciudadanos que registra en España el censo de 2001. Los desequilibrios, además de persistir, se profundizan, de manera que cada vez es mayor la diferencia en la dotación de colecciones de BP que separa a las comunidades autónomas mejor situadas de las que disponen de dotaciones más reducidas. Y entre los ciudadanos cuyas BP disponen de colecciones peor dotadas, destacan los que residen en las grandes ciudades de más de 500.000 habitantes, cuya situación en 2000 tiende a empeorar respecto a los años anteriores.
3.1. Volúmenes de las colecciones de BP en España
Los volúmenes disponibles en las BP han conocido un incremento constante en los últimos diez años: de los 21,3 millones de volúmenes de que disponían en 1990, se ha pasado a 43,7 millones de volúmenes en 2000, lo que significa un incremento global del 105%.
En 2000, los volúmenes de las colecciones de las BP se habían incrementado en un 13% con respecto a 1998, el mismo porcentaje que el registrado entre 1998 y 1996. En términos absolutos, el incremento bienal de 2000 respecto a 1998 se sitúa en 5,0 millones de volúmenes, una cifra algo inferior a la registrada al inicio del período estudiado, ya que las colecciones en 1992 respecto a 1990 crecieron en 5,7 millones de volúmenes. Los incrementos bienales que se suceden entre 1994 y 1998 son algo inferiores, entre 3 y 4,3 millones de volúmenes.
Parte de estos incrementos se debe al crecimiento de las colecciones existentes en las BP. Otra parte corresponde a las colecciones aportadas por las bibliotecas de nueva creación. En 2000, el incremento de volúmenes que contabilizan las BP creadas en los años 1999 y 2000 asciende a 1,4 millones de volúmenes, cantidad que representa el 28% de los incrementos registrados en 2000 respecto a 1998. En los incrementos de este último año respecto de 1996, las aportaciones de bibliotecas de nueva creación fueron menores y representan sólo el 13%.
El tamaño medio de las colecciones de las BP sigue siendo reducido y, en algunos casos, muy reducido. Si en las Directrices IFLA/Unesco… (2001) se menciona expresamente que el punto de servicio más pequeño de BP debería disponer de al menos 2.500 volúmenes18, en ese caso se encontraban el 14% de las BP registradas en 2000, el mismo porcentaje que en 1998. Entre 2.500 y 7.500 volúmenes se encuentra el mayor segmento de BP, un 42%, seguidas por las bibliotecas con colecciones entre 7.500 y 20.000 volúmenes, que representan el 35% del total. Con colecciones entre 20.000 y 50.000 había en 2000 un 8% y solamente el 2% de las BP superaba esa cantidad.
Con todo, el crecimiento durante los últimos diez años del número de documentos con que contaban las BP ha permitido mejorar la disponibilidad media por habitante: de los 0,53 volúmenes por habitantes en 1990, se ha pasado a 1,07 volúmenes por habitante en las BP españolas.
El índice alcanzado en 2000, 1,07 volúmenes por habitante, queda aún lejos de las recomendaciones nacionales e internacionales, así como de la media europea, que se situaba ya en 1998 en 2,10 volúmenes por habitante disponibles en BP. Los ciudadanos españoles disponen además de una oferta de colecciones de BP bastante distinta en función del tamaño del municipio en el que residan, en una relación inversamente proporcional: cuanto mayor es el tamaño de la población, más baja es la relación entre el número de documentos y el número de ciudadanos. Por encima de los 500.000 habitantes, esa relación es de 0,44 volúmenes por habitante, menos de la mitad de la media española. Tampoco llegan a esta media las ciudades entre 100.000 y 500.000 habitantes, donde hay 0,78 volúmenes por habitante; y están en torno a ella en los municipios entre 20.000 y 100.000 habitantes (1,0 vols./hab.) y entre 5.000 y 20.000 (1,30 vols./hab.).
Curiosamente, es en el tramo de población de municipios con menos de 5.000 habitantes donde se registra la relación más elevada, 2,04 volúmenes por habitante, una tasa dentro de la media de las recomendaciones de IFLA/Unesco. Y no deja de llamar la atención si se tiene presente que sólo el 29% de los municipios de ese tramo tiene biblioteca estable y que sólo existen 66 bibliobuses registrados para los habitantes y municipios que no disponen de tal servicio (2,4 millones de habitantes en 5.000 municipios). También es llamativa la desviación máxima, entre las grandes ciudades y los pequeños municipios, entre los que existe una diferencia de 1,6 volúmenes por habitante, en detrimento de las primeras.
En la disponibilidad de volúmenes por habitante, también las desigualdades entre unas CA y otras han aumentado en 2000 respecto a años anteriores, con una desviación máxima (1,26 vols./hab) que supera incluso la media española (1,07 vols./hab). Entre las CA con mejor dotación figuran Navarra, Extremadura y las dos Castillas, con índices superiores a 1,7 vols./hab., mientras que por abajo destaca la Comunidad de Madrid, que no llega a 0,6 vols./hab.
3.2. Distribución de los documentos por soportes
Tradicionalmente, las colecciones de las BP estaban compuestas exclusivamente por libros y otros materiales impresos. La presencia de los soportes sonoros, audiovisuales y electrónicos que se han generalizado en la sociedad actual (mayoritariamente los casetes y cd de audio, vídeos, DVD…) comienza a detectarse en las estadísticas oficiales a partir de 1994, en un porcentaje reducido de BP cuyas bibliotecas los van incorporando (sólo el 14% de las BP en 1994 disponen de al menos 100 ejemplares de estos materiales).
Aunque el crecimiento experimentado por los soportes distintos al libro en los últimos años ha sido proporcionalmente mucho mayor que el experimentado por otros soportes, los datos del 2000 ponen de relieve que siguen estando presentes en las colecciones de un reducido grupo de BP: apenas dos de cada diez bibliotecas (el 18%) disponía en el año 2000 de una oferta mínima de documentos audiovisuales y electrónicos, que representara al menos el 3% del total de documentos de la colección.
Así pues, las colecciones de las bibliotecas públicas están compuestas mayoritariamente por libros, que representaban en 2000 el 96,3% del conjunto de los volúmenes disponibles, un porcentaje que en 1998 era del 97,8. Los nuevos soportes representaban en 2000 el 3,2% del total de volúmenes, un punto más que dos años antes. Existe también un apartado de ‘otros documentos’, entre los que se incluyen partituras, mapas, carteles, dossieres y otros materiales, cuya importancia es bastante menor tanto en términos absolutos (0,2 millones de ejemplares) como en valores relativos (0,5% del conjunto).
Así pues, no es de extrañar que existan pocas distancias entre la relación de volúmenes por habitante y de libros por habitante, con tan sólo una diferencia de cuatro centésimas para el conjunto de España. La relación de libros por habitante tiene un interés especial por cuanto las Directrices IFLA/Unesco…, en sus recomendaciones se refieren expresamente a una tasa de 1,5 a 2,5 libros por habitante, no de ‘volúmenes’ por habitante, es decir, sin incluir soportes audiovisuales y electrónicos.
Aunque ninguna CA alcanza el índice medio de la Unión Europea (1,90 libros por habitante en 1998), hay cinco CA que superan el límite mínimo recomendado por IFLA/Unesco, Castilla y León, Navarra, Extremadura, Castilla-La Mancha y Asturias. En el otro extremo se sitúa la CA de Madrid que, con 0,57 libros por habitante, apenas alcanza la mitad de la media española.
Si la dotación en libros es escasa, los soportes audiovisuales y electrónicos han sido incorporados en los últimos años por un reducido porcentaje de bibliotecas y representan en conjunto el 3,2% de los volúmenes de las colecciones.
Las bibliotecas que en mayor porcentaje los han incorporado están en las ciudades de tamaño medio, mientras que su presencia disminuye conforme se reduce el tamaño de la población. La relación de soportes audiovisuales y electrónicos por habitante era en 2000 de 0,03 en España, cuatro veces por debajo de la media europea, que se situaba en 0,13 audiovisuales y electrónicos por habitante en 1998.
Las CA con mejores dotaciones de estos soportes en 2000 eran Castilla-La Mancha, Castilla y León y Asturias, con un índice de 0,07 ejemplares por habitante; Cataluña, Aragón, La Rioja, Baleares, País Vasco y Murcia superan también la media española, y casi la igualan en Extremadura y la Comunidad Valenciana; Madrid también está aquí en la última posición, junto a Cantabria y Canarias.
3.3. Indicadores básicos de colecciones de BP en la Unión Europea
La comparación de los datos e indicadores básicos de las colecciones de las BP españolas con la situación en los países de la Unión Europea permite, en una primera instancia, constatar las enormes diferencias existentes entre los países con mejores BP y aquellos con las dotaciones bibliotecarias menos desarrolladas, entre los que se encuentra España. Se trata, sin duda, de diferencias mucho más acusadas que las se pueden contemplar dentro del Estado español entre las distintas CA.
De
los catorce países de la Unión Europea de los que se han obtenido datos homogéneos,
ocho, es decir, la mayoría, superan la media europea de volúmenes y libros por
habitante y, por supuesto las tasas de IFLA/ Unesco. Sin duda destacan las dotaciones
de las BP de los países escandinavos, que duplican y triplican las medias internacionales.
El peso de los libros sigue siendo predominante también en las colecciones de
los países de nuestro entorno, mientras que la tasa de los soportes audiovisuales
y electrónicos por habitante es de 0,12, seis veces mayor que la registrada
en España y que, a su vez, es superada seis veces por Finlandia.